El Prat de Llobregat fue conocido, durante siglos, como “el pueblo de las fiebres”; nombre genérico que comprendía enfermedades tales como el paludismo, la disentería, el tifus y las hepatitis; provocadas por los mosquitos y el agua no potable. La falta de condiciones higiénicas en el delta del Llobregat, hasta hace muy poco, causó verdaderos estragos a nuestros antepasados, indefensos a merced de un medio hostil e inclemente. Estas son pequeñas historias de aquella gente, marcada por la insalubridad, la pobreza, la incultura, la violencia, el trabajo y el sudor pegado al cuerpo, pero sobre todo, por un amor desmedido hacia esta tierra.

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domingo, 10 de febrero de 2013

La leyenda del aviador perdido. (Parte 3)


Fotografía del Messerschmitt BF-109 E3, matrícula 6-130, pilotado por el mayor Walter Grabmann y por Eduardo Laucirica, el día del accidente. (Publicada en el Butlletí d´Informació local de la Sénia. Desembre 2009. "Restes de l´avió Messerschmitt BF-109, exposats al patronat del camp de l´Aviació de la Sénia)

 SEGUNDA BÚSQUEDA
Cuando ya prácticamente nadie se acordaba de Eduardo Laucirica y su Messerschmitt BF-109, una casualidad del destino hizo que el proyecto de construcción de la tercera pista del aeropuerto del Prat pasase, precisamente, por el lugar donde se encontraba erigido el monolito conmemorativo. Se iniciaba así la segunda búsqueda...
El organismo Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), encargado del rescate, debía hacer uso de un georradar y detectores de metales, para estrechar el cerco del avión perdido y poder proceder a la excavación arqueológica. Se esperaba hallar por lo menos el motor de la aeronave, ya que tanto el piloto como el resto del fuselaje podían haber sido víctimas de la corrosión. Entre los asistentes a los trabajos de recuperación se encontraban dos viejos conocidos: Francisco Martínez, el sargente encargado de las labores de búsqueda el año 1940 y Josep María Royo, posiblemente, el único testigo vivo del accidente.
En el aire se respiraba expectación, emoción e inquietud...
Oscar Laucirica, sobrino del aviador, que en la fecha del accidente contaba con tan sólo 10 años, asistía también a los trabajos, como representante de la família: “Dar una sepultura digna a mi tío es una obligación y eso es lo primero que vamos a hacer tan pronto como se le encuentre” – explicaba esperanzado a la prensa -. (2)
Los trabajos de excavación eran complejos y muy lentos. La enorme zanja abierta se llenaba rápidamente de agua y la desconfianza comenzaba a dibujarse en los primeros rostros cuando, por fín, el viernes 15 de noviembre de 2002, la máquina excavadora localizó y pudo extraer los primeros restos del fuselaje, no muy lejos de donde había sido erigido el monolito. Después de casi SESENTA Y DOS AÑOS enterradas, comenzaban a aparecer las primeras piezas del aparato. Si el material recuperado podía soportar el levantamiento y el transporte, sería expuesto al público. Si no, los restos servirían para ilustrar la memoria de esta singular historia.
Después de largos días de búsqueda habían sido recuperados grandes trozos de fuselaje, el motor, una impresionante ametralladora con unos 500 proyectiles, fragmentos reconocibles del tren de aterrizaje y el paracaídas, de fabricación norteamericana, que paradójicamente, se hallaba en perfecto estado de conservación.
Pero ni un sólo resto de Eduardo Laucirica...

APARECEN LOS RESTOS DE EDUARDO LAUCIRICA.
Por fín, el martes día 19 de noviembre de 2002, hacia las once de la mañana, los técnicos que trabajaban en las labores de recuperación del avión y su piloto, localizaron y extrajeron los restos, incompletos, del cadáver de Laucirica. El juez del Prat, avisado para la ocasión, pudo levantar la correspondiente Acta de Defunción, sesenta y dos años después. Entre los restos encontrados había una bota de aviador , trozos de uniforme, un calcetín con las falanges dentro, un húmero, un radio, un cúbito, un trozo de fémur y dos costillas, entre otros.
Por fín, la familia Laucirica podía dar sepultura a su miembro más esperado.

LOS RESTOS
En la actualidad, los restos del joven aviador Eduardo Laucirica Charlén descansan, para siempre, en el panteón del Ejército del Aire de Montjuich. Por su parte, los restos del avión, tras ser trasladados a dependencias militares para su análisis y limpieza, fueron cedidos al Patronato del Campo de Aviación de la Sénia (Tarragona), donde forman parte de una exposición permanente, dedicada al Campo de Aviación de la ciudad.

Hoy, domingo 3 de octubre de 2010, hace casi 70 años de la muerte de Eduardo Laucirica. Sin pretenderlo, he llegado a cogerle cariño a este joven aviador, que dejó su vida, sus sueños y sus esperanzas en este territorio, antaño salvaje e indómito, del Prat de Llobregat.
Su leyenda siempre estará con nosotros. Pero, por lo menos, ahora su historia tiene un inicio, una trama y UN FINAL.

¡ Descanza en PAZ !



(1). La Vanguardia. Martes, 15 de enero de 2002. Pág. 5 (Vivir en Tarragona).

(2). La Vanguardia. Martes, 19 de noviembre de 2002. Pág. 5.



REFERENCIAS:

  • La Vanguardia. Domingo 17 de noviembre de 2002. Pág. 5 (Vivir en Barcelona) 
  • La Vanguardia. Sábado, 12 de enero de 2002. Pág. 7 (Vivir en Barcelona)
  • La Vanguardia. Martes, 19 de noviembre de 2002. Pág. 5 (Vivir en Barcelona)

  • La Vanguardia. Martes, 15 de enero de 2002. Pág. 5 (Vivir en Tarragona)
  • La Vanguardia. Miércoles, 16 de enero de 2002. Pág. 5 (Vivir en Barcelona)
  • 
La Vanguardia. Miércoles, 20 de noviembre de 2002.

  • La Vanguardia. Miércoles, 16 de enero de 2002. Pát. 19. “En la tercera pista”. Quim Monzó.

  • La Vanguardia. Sábado, 8 de marzo de 1941. “Homenaje a la memoria de un aviador”.
  • http://www.campaviaciolasenia.cat/. Restes de l´avió Messerchmitt BF-109m exposats al patronat del Camp d´Aviació de la Sénia”.
  • 
www.mundomilitaria.es. Recuperación de aviones de la II Guerra Mundial.

  • http://www.campaviaciolasenia.cat/. L´exposició permanent de la Seu del Patronat a la revista Ares.

  • http://www.elpais.com/. 20-11-2002. Hallado el piloto del Messerschmitt. Jacinto Antón.
  • 
Butlletí d´Informació local la Sénia. Desembre 2009. Restes de l´avió Messerschmitt BF-109, exposats al patronat del camp de l´Aviació de la Sénia. Pàg. 26-27.

La leyenda del aviador perdido. (Parte 2)



EL PILOTO: EDUARDO LAUCIRICA CHARLÉN
Eduardo Laucirica Charlén nació en Bilbao el 13 de diciembre de 1912. Le faltaban pues 6 días para cumplir los 28 años. Cuando estalló la guerra civil, el 18 de julio de 1936, se encontraba en Santander y era estudiante de quinto curso de medicina. Fue alistado en el ejército de la República, pero se evadió, en cuanto tuvo ocasión, para alistarse en el bando nacional. “ En aquel entonces los comunistras estaban muy mal vistos ” – explica su sobrino Óscar Laucirica -. “ Era una persona joven, fuerte y jovial y rubio, una característica extraña porque en la familia de su padre eran morenos ” (1)
Eduardo participó en la guerra civil española como alferez provisional de aviación, prestando servicio como observador de reconocimiento en el grupo 22 de bombarderos nocturnos. En abril de 1939 ascendió a teniente provisional y una vez acabada la contienda, llevó a cabo el curso de piloto para cazas, siendo destinado al 23 regimiento del Ejército del Aire, con base en El Prat de Llobregat. Todo parece indicar que Eduardo era un piloto poco experimentado, auque, sin duda, las condecoraciones acumuladas no lo corroboran: Cruz de guerra, dos cruces rojas, Medalla de la Campaña y caballero del Águila Imperial Alemana.

Poco antes del accidente, Laucirica Charlén había decidido abandonar el ejército en breve, para reanudar y completar sus estudios de medicina y, tal vez, casarse...

EL AVIÓN: MESSERSCHMITT BF-109
El avión que pilotaba Eduado, un Messerschmitt BF-109 E-3 “era un aparato muy potente, con poca visibilidad, pero un auténtico “fórmula 1” para su época” (explica Cristòfol Jordà, ingeniero aeronáutico). Es un caza, de diseño alemán, de 8,7 metros de longitud por 9.60 de envergadura y 2,40 de altura. Estaba armado con cuatro ametralladoras en las alas y un cañón de 20 mm que disparaba desde el buje de la hélice. Este avión fue cedido por el gobierno alemán, al Ejército Nacional de Franco, una vez finalizada la Guerra civil española y, como no podía ser de otra manera, también tiene su peculiar historia: el 9 de septiembre de 1938 llegó a España, procedente de Alemania, el Mayor Walter Grabmann, que se hizo al frente del Grupo de Cazas J-88 de la Legión Cóndor alemana, con base en el Campo de Aviación de la Sénia, en la provincia de Tarragona. Desde allí, y hasta el final de la contienda, el mayor Grabmann realizó 143 incursiones sobre territorio enemigo, consiguiendo abatir 6 aviones de la República, por lo que fué condecorado con la Medalla Militar, concedida por el general Franco. El avión que pilotaba Grabmann, un Messerschmitt BF-109 E-3, con la numeración 6-130, fue entregado al ejército español poco después de la contienda y es el mismo que pilotaba Eduardo Laucirica aquella fatídica mañana de diciembre.

La leyenda del aviador perdido. (Parte 1)



Hace unos años, mientras paseaba por el delta del Llobregat, descubrí un monolito de piedra blanca con una cruz encastrada que se alzaba en un prado cercano al desaparecido cámping Cala-Gogó, del Prat de Llobregat. Intrigado por su significado, pregunté a amigos y conocidos hasta que alguien me narró la increíble historia de un aviador y su avión, desaparecidos en aquel lugar. Lo cierto es que yo no di mucha verosimilitud a aquella extraña leyenda, más propia de la ficción, que de la realidad. No podía entender cómo un avión podía desvanecerse, sin dejar rastro, en un pradera donde ahora pasturaban las ovejas. Años después, encontré la respuesta a dicho enigma que, para mi perplejidad, era tan real como inconcebible. Esta es la historia que he podido reunir a través de una modesta investigación:
  
EL ACCIDENTE
La mañana del 7 de diciembre de 1940, el teniente provisional del Ejército del Aire Eduardo Laucirica Charlén realizaba, junto a sus compañeros de la escuadrilla Lara Laran, unos ejercicios acrobáticos en el Aeródromo del Prat de Llobregat. Entre los asistentes a la exhibición se encontraban personalidades públicas y militares, aficionados y curiosos de toda índole. Pero Eduardo, aquella fría mañana de invierno, sólo tenía ojos para una en concreto: su prometida, que asistía también al evento, entre inquieta y expectante.
Josep Maria Royo, piloto jubilado, que entonces contaba con 16 años de edad, había asistido también al aeródromo junto a un grupo de amigos. Eduardo Laucirica, a bordo de un Messerschmitt BF-109, realizaba complicadas figuras acrobáticas, para admiración de los presentes: “loopings”, barrenas, etc. “Eran figuras que se empleaban en los ejercicios militares para simular que te habían tocado y poder escapar del enemigo” – aclara Josep Maria Royo -. El piloto estuvo unos diez o doce minutos en el aire, giró sobre el ala y después cayó en picado, desde unos 800 o 1000 metros de altura. “Pensábamos que iba a hacer otra acrobacia – narra Josep Maria -, pero cayó de manera totalmente vertical. Recuerdo el ruído del motor a toda potencia bajando en picado. ¡ Rrrumrrr !!. Creímos que iba a maniobrar, pero se hundió en el fango ".
El impacto fué brutal. El avión cayó sobre una zona pantanosa del delta del Llobregat, a unos 2000 metros del aeródromo, provocando un surtidor de barro y agua que alcanzó los 10 o 12 metros de altura. En un primer momento, la cola del Messerschmitt quedó fuera, ante la atónita mirada de los presentes, pero, poco a poco, se fué hundiendo hasta desaparecer del todo, sin dejar rastro alguno del piloto o la aeronave.


COMIENZA LA LEYENDA
PRIMERA BÚSQUEDAUna de las personas que intervino en aquel intento de rescate fué el sargento Francisco Martínez, que relató así lo sucedido: “ Nos llamaron diciéndonos que había caído un avión. Al principio, no sabíamos quién era. Vinieron bomberos del Prat y de Barcelona. Se intentó sacar el aparato con palas, pero no fue posible (...). Aquella zona era impracticable y no había manera de encontrarlo ”. Inmediatamente después del trágico suceso fueron avisadas las autoridades del Ejército del Aire, que se personaron en el lugar, en un vano intento por recuperar el aparato y el cuerpo del piloto accidentados.  Durante siete interminables días, los servicios de emergencias trabajaron incansables en busca de los restos sumergidos, pero los medios de que disponían no eran apropiados y las condiciones de trabajo se hacían insoportables. Tan sólo pudieron encontrar una falange del dedo del aviador y un trozo de ala. Finálmente, después de innumerables penalidades, se abandonó la lucha y se dió por enterrado al joven piloto. Eduardo Laucirica y su Messerschmitt BF-109 habían desaparecido sin dejar el menor rastro. Era como si la tierra misma se los hubiera tragado...

Ante la imposibilidad del rescate, la família decidió comprar una parcela de tierra en el lugar del siniestro y años después erigió en ella un sencillo monolito de piedra blanca, con una cruz latina encastrada.

Nunca se han aclarado las causas de aquel desdichado incidente.