El Prat de Llobregat fue conocido, durante siglos, como “el pueblo de las fiebres”; nombre genérico que comprendía enfermedades tales como el paludismo, la disentería, el tifus y las hepatitis; provocadas por los mosquitos y el agua no potable. La falta de condiciones higiénicas en el delta del Llobregat, hasta hace muy poco, causó verdaderos estragos a nuestros antepasados, indefensos a merced de un medio hostil e inclemente. Estas son pequeñas historias de aquella gente, marcada por la insalubridad, la pobreza, la incultura, la violencia, el trabajo y el sudor pegado al cuerpo, pero sobre todo, por un amor desmedido hacia esta tierra.

Mostrando entradas con la etiqueta masias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta masias. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de febrero de 2013

Cal Monjo


La masía de Cal Monjo, también conocida como Torre de la Estacada o Font Romeu, está situada en el distrito de la Ribera del Prat de Llobregat, en el límite con el término municipal de Sant Boi; cerca del río, que pasaba a escasos metros de la edificación. Fuentes orales datan su construcción a finales del siglo XV, paralela al descubrimiento de América, lo que la convierte en la masía, aún en pie, más antigua del delta del Llobregat. Su estado actual, no obstante, no invita al optimismo: a pesar de estar catalogada como elemento arquitectónico protegido por el Ayuntamiento del Prat de Llobregat, la masía se encuentra deshabitada y en estado de ruina. Su futuro, si alguien no lo remedia, no parece ser otro que el de desaparecer.


Estado actual de la masia de cal Monjo

LA MASÍA
La masía de Cal Monjo pertenece al grupo de las denominadas masías basilicales, que se caracterizan por estar compuestas por tres cuerpos: dos laterales y uno central, más ancho y elevado; con una superfície total, aproximada, de unos 600 M2. La cubierta, a dos vertientes, desagüa hacia un canalón situado en las fachadas laterales que recoge y almacena el agua en una cisterna. La organización interna es típica de este tipo de edificaciones: planta rectangular, orientada a mediodía – fachada mirando al mar-, con planta, piso y golfas. La planta baja estaba destinada a las dependencias más comunes: cocina, comedor, bodega y establo; la primera planta estaba destinada a dormitorios, y la buhardilla a almacenar el grano y algunos útiles y aperos. El material de construcción empleado es la piedra de Montjuic, aunque también podemos encontrar baldosas y ladrillos de barro cocido. El elemento más característico de esta vivienda es su fachada, decorada a mediados del siglo XX con esgrafiados, reloj de sol y plafón cerámico que representa a San Antonio. Sobre el balcón izquierdo se puede leer la inscripción: “LA TORRE CAN FON RUMEU”. El acceso principal es un arco de medio punto de piedra arenosa rojiza que se encuentra enterrado un metro sobre el nivel actual de la calle, como consecuencia de la acumulación de sedimentos provocada por las numerosas riadas acontencidas; sobre la clave de la puerta se encuentra la siguiente inscripción: “IVSEPHVS RUMEUS. ME FECIT. 1670”, lo que da testimonio de la antigüedad de esta construcción. A la izquierda de la casa aún se conservan los restos de la primitiva vivienda pairal. El patio, orientado hacia el sur, alberga arbolado diverso, donde destaca una enorme palmera, y pozo de aguas freáticas. Una valla perimetral de piedra protegía todo el conjunto contra el siempre presente riesgo de inundaciones.

Detalle de la puerta de arco de medio punto y el balcón

Inscripción en el balcón de cal Monjo: LA TORRA DAN FON ROMEU

LAS ESTACADAS
Hasta hace unas décadas, el río Llobregat formaba dos meandros a la entrada del delta, como consecuencia de la disminución de la pendiente: uno estaba situado en Sant Boi y el otro, llamado la Marrada, transcurría entre el Prat y Cornellá, pasando por detrás de la masía de Cal Monjo. Por estos puntos era donde, normalmente, se desbordaba el río. A partir de 1606 se construyeron márgenes de defensa de tierra que, a lo largo de unos 7 kilómetros, transcurrían paralelos al río desde la demarcación de la Ribera hasta el Estruch; pero estos márgenes, a menudo, eran insuficientes cuando el río se desbordaba, provocando grandes pérdidas, tanto materiales, como humanas. Para reforzar dichos diques, comenzaron a clavarse grandes estacas de madera, de unos 3 0 4 metros de longitud, que pretendían reforzar el terreno, en un intento desesperado de canalizar el río hasta la desembocadura, impidiendo las denominadas “salidas de madre”. La masía de cal Monjo estaba situada en una zona de “estacada”, por lo que también era conocida como torre de la Estacada.

Fachada de cal Monjo, con restos del antiguo esgrafiado

PROPIETARIOS
Nada sabemos de los primeros habitantes de la primitiva masía de cal Monjo. El promotor de la masía actual, construída en el año 1670, se llamaba Josep Romeu por lo que era conocida en Sant Boi como “Font Romeu”. Anterior a esta denominación era la de Torre de la Estacada. El año 1872 el propietario de Cal Monjo era Joan Ignasi Sostre. Después fue cambiando tanto de propietarios como de masuveros: Francesc Pareres, Josep Parellada y finalmente Josep Portillo i Julià y su esposa Antonia Puig Ginabreda, últimos habitantes de la masía. El nombre de Cal Monjo parece provenir de una antepasada de la familia Portillo que poseía una formación intelectual superior a la habitual en la zona, por lo que era conocida como la monja y, en consecuencia, su marido fue llamado el Monje (Monjo).
El actual propietario es Joan Marín i Giralt que utiliza las instalaciones para guardar un rebaño de ovejas.

PROTECCIÓN
La masía de Cal Monjo se encuentra en la actualidad deshabitada y en estado de ruina. A pesar de que se encuentra catalogada por el Ayuntamiento del Prat de Llobregat como elemento protegido de “Arquitectura Residencial Rural”, pendiente de un “estudio detallado sobre el estado de solidez de las partes a proteger”, que nunca llega; lo cierto es que, mientras tanto, su futuro no parece ser otro que el de desaparecer. Cal Monjo forma parte del patrimonio histórico, paisajístico y arquitectónico del delta del Llobregat; de 500 años de lucha de valientes hombres y mujeres contra un medio inhóspito, desagradecido, cruel y, a la vez, bello y seductor. El gran historiador Jaume Codina (1) escribía “Nosotros somos los herederos de aquella masa que desfiló por nuestro aire y nuestra tierra durante siglos y siglos. Aquí vivieron, amaron y odiaron. Aquí continúan, aunque no los veamos: somos nosotros mismos, materialmente. (…) No habría sido posible nuestra modesta, minúscula ascensión, sin ellos. Sin el polvo y su sudor, su amor y su odio” (2). Cal Monjo no sólo debería estar protegida, debería estar restaurada y formar parte de nuestro paisaje agrario durante, al menos, otros quinientos años más. Creo que es una vergüenza y un menosprecio a nuestros antepasados dejar que esta histórica masía se desmorone en silencio, pero, al parecer, nadie hará nada por evitarlo. ¿Cuántas masías quedarán en pie en el delta del Llobregat dentro de 50 años? Y si nos remontamos 100 años, ¿quedará alguna? La masía catalana forma parte del patrimonio arquitectónico e histórico de Catalunya, pero las autoridades parecen haberse olvidado de ellas; peor aún, si por casualidad se acuerdan, es para expropiarlas con el fin de poder llevar a cabo sus extravagantes planes urbanísticos o inmobiliarios. ¿Nadie hará nada por evitarlo?



NOTAS:
(1). Para más información podéis consultar la entrada “Jaume Codina i Vilà” de este mismo blog.
(2). La gent del fang. Jaume Codina i Vilà. Página 28.



Referencias:
www.ca.wikipedia.org. Cal Monjo.
- Inventari d´edificació tradicional. Cal Monjo / Torre de l´Estacada.
www.lannarie.blogspot.com. Cal Monjo o Torre de l´Estacada (La Ribera)
www.bestiolesdemarina.blogspot.com. Cal Monjo:500 anys d´història del delta s´ensorren.
www.fundaciosigea.org. La vida als masos del delta.
- L´agricultura al delta del Llobregat. Parca Agrari del Baix Llobregat. Diputació de Barcelona.
- Ateneu Familiar de Sant Boi de Llobregat (Febrer 1885-1969).
- Un flaix a la ciutat del Prat. Visita per a Mestres i professorat. 9 de setembre de 2008. El Prat de Llobregat.
- La gent del fang. Jaume Codina i Vilà.
- Infraestructures Pratenques. 965-1950. Joan Lluís Ferret i Pujol. 

Ca l'Anguiler (casa del Anguilero). Parte 2


Fotografía: El río Llobregat, a principios de siglo. Imagen del Archivo Municipal del Prat de Llobregat

La pesca de la anguila

El payés Ramón Lluch Rigola, en una entrevista concedida a la revista “Delta Llobregat” (5), el año 1997, explica que le apodaban “el Anguilero”, “por que nació en ca l´Anguiler [el año 1924] y porque (..) de joven, iba a pescar anguilas al final del río Llobregat (…) con una barca que tenía varada en la ribera del río, y cuando no podía pescar (se) dedicaba a cazar".
Entre las formas tradicionales de pesca de la anguila destacaban tres: mediante anguileras -que eran trampas que se situaban en los lugares de paso-, con caña de pescar y anzuelo -utilizando lombrices u otro tipo de cebo-, y la denominada “molinà”, que se practicaba con hilo de pescar, pero sin anzuelo. De estos tres métodos, el más práctico era el último, ya que permitía la captura de los ejemplares vivos, que podían ser trasladados a recipientes destinados a su conservación y limpieza. Para practicar la “molinà” se utilizaban lombrices, que eran ensartadas con una aguja en un hilo de pescar, hasta formar un rastro de unos metros. Una vez insertadas, se realizaban diversos anillos con el cordel y finalmente se anudaba en un punto, componiendo una especie de racimo que se unía a una caña mediante hilo. Las anguilas son tan voraces que no soltaban la presa una vez habían mordido el cebo, por lo que el pescador podía sacarlas del agua y depositarlas en un paraguas abierto, colocado del revés o cualquier otro tipo de recipiente que impidiera la fuga de los peces. Una vez capturados, los pescados eran depositados en un vívero donde se conservaban con vida hasta su consumo y eran sometidos a una purga de limpieza.

L´all i pebre (Ajo y pimienta)
De la cocina de ca l´Anguiler, solo sabemos que “era famosa por sus platos cocinados con anguila y los caldos de su cocción” (3). Si tenemos en cuenta que “L´all i pebre” es la forma más habitual de presentarla en la mesa y que este plato también es conocido como “anguiles al suc cuinat”, podemos aventurarnos a pensar que, seguramente, este era el plato estrella del restaurante. L´all i pebre se consideraba, tradicionalmente, como una receta preparada por hombres y para comer en compañía. Tanto los ingredientes como su elaboración son sencillos: Primero, se prepara una picada de mortero, con dientes de ajo, perejil y almendras; en una cazuela de barro o sartén se fríe en aceite de oliva la picada, se añade pimienta en grano y se sazona con vino o vinagre. Después, se añade agua y cuando comienza a hervir, patatas cortadas a tacos; se deja hervir unos diez minutos más y colocamos la anguila, previamente cortada, hasta que quede al punto y lista para servir.

La riada de septiembre de 1962: punto y final…

“Las inundaciones del 25 de septiembre de 1962 en Catalunya se recuerdan como la mayor catástrofe hidrológica de España. Desgraciadamente fue una catástrofe récord en víctimas, 815 muertos incluidos los desaparecidos y 2650 millones de pérdidas, en menos de dos horas a causa de una avenida súbita de los ríos Llobregat y Besós, y sus afluentes en su parte baja. Se registraron 212 mm en menos de 3 horas, con una intensidad máxima de 6 mm/minuto. Este episodio tuvo lugar después de una larga sequía (hacía 4 meses que no llovía en algunas zonas de España)” (6).
La noche del 25 al 26 de septiembre de 1962 los habitantes de la ribera y desembocadura del Llobregat fueron testigos de una tormenta sin precedentes, pero, seguramente, ninguno llegó a imaginar las trágicas consecuencias que conllevaría. El río venía tan crecido que en la masía de Can Rubí, en Molins de Rei, el agua alcanzó una altura de 2,40 metros. En poco más de cuatro horas, desde las siete y media de la tarde, hasta casi la medianoche, el ímpetu de las aguas arrastró consigo personas, indústrias, vías de ferrocarril, puentes y viviendas, entre ellas, la de ca l´Anguiler, en la orilla izquierda del río Llobregat, muy cerca de su desembocadura.
Ramon Lluch Rigola, “el Anguilero”, explica en la entrevista concedida a la revista “Delta Llobregat”: “La casa se la va emportar la riuada de l´any 1962, i part de les terres també” (5) [“La casa se la llevó la riada del año 1962, y parte de las tierras también”].
Y es que el río Llobregat, a mediados de siglo, aún continuaba siendo fuente de vida y, por desgracia, fuente de tragedias…




(1) “La Vanguardia”, martes 25-10-1904. Pág. 3
(2) “La Vanguardia Española”, miércoles 26-05-1954. Pág. 23.
(3) “Un litoral perdut. Del cap del riu al Remolar”. Josep Camps, 26 de mayo de 2000.
(4) “La Vanguardia”, martes 20-07-1915. Pág. 5.
(5) “Delta Llobregat”. Julio-Agosto 1997. Ramon Lluch Rigola. Juan Miñarro.
(6) “Algunos aspectos del impacto social de las inundaciones en Cataluña”. María del Carmen Llasat, Mercè Barnolas, Manel Ceperuelo, Montserrat Llasat, Miguel Angel Prat. Grupo de Análisis de situaciones Meteorológicas Adversas Departamento de Astronomía y Meteorología Universidad de Barcelona. 
www.am.ub.es/carmell.



FUENTES CONSULTADAS:
www.avbellvitge.wordpres.com. Ca l Anguilero.
- “La Vanguardia”, martes 25-10-1904. Pág. 3.
- “La Vanguardia Española”, miércoles 26-05-1954. Pág. 23.
- “Un litoral perdut. Del cap del riu al Remolar”. Josep Camps, 26 de mayo de 2000.
- “La Vanguardia”, martes 20-07-1915. Pág. 5.
- “Delta Llobregat”. Julio-Agosto 1997. “Ramon Lluch Rigola. L´últim pagès i anguilero de la Marina de l´Hospitalet”. Juan Miñarro.
- “Les barraques del delta de l´Ebre, un dels habitatges populars més antics i singulars de Catalunya”. M. Carme queralt.
www.aldeaglobal.net/xeretrec/cisterna/receptes.htm. Anguiles i “molinaes”. Joan L. Molla.
- “La Vanguardia”, 20-11-1915. Pág. 5.
www.revistacambrils.com. “Sobre las anguilas. Parlant de cuina”. Joaquín Llorens.
- “La Vanguardia”, 18-07-1918. Sport Ciclista català.
- El Mundo Deportivo. 4-07-1915. Pág. 5.
- “La Vanguardia”, domingo 20-11-1915. Pág. 5.
- “El Mundo Deportivo”, 4-07-1907. Pág. 5.
- “La Vanguardia”, 3-07-1915. Pág. 5.
www.uoc.edu/linast48.html. Tranvía 48.
- “Algunos aspectos del impacto social de las inundaciones en Cataluña”. María del Carmen Llasat, Mercè Barnolas, Manel Ceperuelo, Montserrat Llasat, Miguel Angel Prat. Grupo de Análisis de situaciones Meteorológicas Adversas Departamento de Astronomía y Meteorología Universidad de Barcelona. 
www.am.ub.es/carmell.
www.usuarios.multimania.es/anacocinareceta/recta_de_all_i_pebre.htm. All i pebre. Ana y sus recetas de cocina.
www.petitchef.es/recetas/all-i-pebre-de-anguiles-fid. All i pebre d´anguiles.
www.conocervalencia.com/receta-all-i.pebre. All i pebre.
- Revista “El Penell”, 13, de l´Acom. Hivern 2002-2003. “Ara fa 40 anys (Episodi de setembre del 62)”, per: Miguel Ángel Prat i German Bermell.

Ca l'Anguiler (casa del Anguilero). Parte 1


Imagen: Ca l´Anguiler. Año 1912-1913

“La crecida repentina que el pasado domingo por la tarde tuvo el río Llobregat, producida por los aguaceros caídos en el término de Monistrol, fué causa de que una tartana, en la que iban tres personas muy conocidas en esta ciudad, de regreso de uno de sus vedados de marina, donde habían pasado el día, fuese, al cruzar el vado arrastrada por la impetuosa corriente.
Uno de los viajeros atravesó el río á nado, llegando á la orilla después de verdaderos esfuerzos, acudiendo á sus voces y á los disparos de revólver que hizo, Baldomero Espigalleu Sigalés, Baldomero Petit, el pastor Sento y el guardia jurado Ramón Méndez, de la propiedad del señor marqués de Alella, y Tomás Alonso (a) “Anguilero”, con su sobrino Daniel Belda con una barca.
Inmediatamente empezaron los trabajos de salvamento, siendo sacados los dos señores restantes del centro del río por medio de cuerdas.
El tartanero y la caballería fueron conducidos á la otra orilla del río con auxilio de la barca.
No es ésta la primera vez que las mentadas personas en el citado sitio han tenido que prestar servicios análogos, lo cual gustosos hacemos público.” (1).
Este relato, publicado en el diario La Vanguardia, en el año 1904, narra el incidente acaecido a un pequeño carruaje que intentaba cruzar el río desde el Prat hasta Hospitalet de Llobregat, a través de uno de los pasos -o “vados”-, que se utilizaban cuando llevaba poco caudal.
En él se menciona a varias personas, entre ellos, Tomás Alonso, “el Anguilero” , que no es la primera vez que interviene en acciones de rescate en este mismo lugar. Y es que el río Llobregat, a principios de siglo, aún era fuente de vida y, por desgracia, fuente de tragedias…

Ca l´Anguiler
“Ca l´Anguiler” -o “casa Anguilero”, como también era conocida- era una masía de tipo mediano o común, la más frecuente en Catalunya; constaba de planta principal, donde se ubicaban la cocina y el comedor y un primer piso, destinado a los dormitorios. Como todas –o casi todas- las masías catalanas tenía planta rectangular y estaba orientada hacia el sol de la mañana. El tejado, de teja catalana, era a dos aguas y desaguaba hacia las fachadas principales, característica común en las masías del delta del Llobregat, aunque contraria a la norma de este tipo de masías, que normalmente lo hacen hacia las fachadas laterales. Sus dimensiones eran pequeñas, aproximadamente 6,40 metros de longitud, por 4,60 metros de anchura y 8,60 metros de altura; lo que da una superfície total de unos 60 metros cuadrados. Estaba situada en el margen izquierdo del río Llobregat, cerca de su desembocadura, en el barrio conocido como Can Tunis (Casa Antúnez), de l´Hospitalet de Llobregat, y era “lugar sobradamente conocido en aquellos parajes lindantes al río “ (2) “pels mejars d´anguiles i els seus sucs de la cocció d´aquestes” [“por sus platos cocinados con anguila y los caldos de su cocción”] (3).
Desde el año 1904 tenemos noticia, a través de publicaciones en diferentes medios de comunicación de Barcelona, de excursiones celebradas a Ca l´Anguiler, por parte de cazadores, personalidades públicas, instituciones y entidades deportivas, atraídos tanto por su cocina, como por la belleza de su entorno natural. Los domingos, grupos de cazadores eran transportados en canoa a los humedales y pinedas del Prat de Llobregat donde había caza abundante y después eran recogidos, para disfrutar del almuerzo previamente encargado. A pesar de sus reducidas dimensiones, la asistencia a este popular restaurante podía ser numerosísima, como demuestra una crónica de “La Vanguardia”, del año 1915: “acudieron unos 35 ciclistas, almorzando en la orilla del Llobregat, bañándose algunos” (4). “La pesca y la caza constituían la materia prima del comedor, muy apreciadas por sus clientes” (5), de buena cocina, ca l´Anguiler ofrecía a sus visitantes la posibilidad de disfrutar de un paseo en canoa por el río o de un baño refrescante a orillas del Llobregat, o en la cercana playa de L´Hospitalet, junto al faro conocido popularmente como “la Farola del Llobregat”.
Los medios de transporte utilizados para llegar al restaurante eran muy variados: en moto o bicicleta –a pesar del mal estado de los caminos -, en canoa –desde el mar-, o en tranvía, desde que el 19-05-1905 se inauguró la “línea del Morrot” –como se la conoció popularmente-, que partía desde la Rambla Santa Madrona hasta Casa Antúnez.
Otra particularidad más que presentaba la masia de ca l´Anguiler era la presencia de una cabaña que servía de almacén, de unos 4x2,70x3,45 metros (largo x ancho x alto), situada delante de la vivienda y orientada, también al mar. Su estructura era muy sencilla -un esqueleto de madera con cubierta vegetal a dos vertientes, que descansaba sobre las paredes laterales-, y guardaba un gran equilibrio con su entorno, ya que utilizaron para su construcción materiales proporcionados por la naturaleza: madera, cañas, juncos o carrizos, para su bastimento, y barro y paja para revestir las paredes. Estas barracas primitivas, desaparecidas en la actualidad en el delta del Llobregat, estaban emparentadas con las barracas del delta del Ebro. Muchos investigadores sitúan su origen en las familias valencianas que llegaron a nuestras tierras para trabajar en las duras labores de siembra, escardada y recogida del arroz.

Durante varias generaciones, desde finales del siglo XIX o principios del siglo XX, la masia de Ca l´Anguiler estuvo abierta al público ofreciendo exquisitos platos a sus comensales, entre los que destacaban la caza y, sobre todo, las anguilas pescadas en las limpias aguas del río Llobregat. Pero todo terminó la fatídica noche del 25 de septiembre de 1962…

sábado, 9 de febrero de 2013

La masía catalana III



TIPOS DE MASÍAS
Atendiendo a los diferentes elementos arquitectónicos que conforman una masía, tales como la disposición de las vertientes de la cubierta, los acabados de la fachada, o la disposición vertical de sus pisos, podemos distinguir hasta siete tipos diferentes de masías:
1.- Masías pequeñas o de alta montaña: Son las construcciones de origen más humilde. Constan de dos vertientes, que desaguan hacia las fachadas principal y posterior.
2.- Masías medianas o comunes: Es el tipo de construcción más frecuente en Catalunya. Consta también, de dos vertientes, pero que en este caso, desaguan hacia las fachadas laterales.
3.- Masías grandes o Casas Pairales: Son edificaciones más grandes, de aspecto señorial. Presentan galerías con porches y fachadas ornamentadas. La cubierta está construida a cuatro vertientes.
4.- Masías con torre y aspecto fortificado: Estas construcciones son más propias de las zonas costeras, por la inseguridad a la que se veían sometidas debido a las constantes incursiones piratas desde el mar. Las torres y fortificaciones estaban diseñadas para soportar ataques de pequeña envergadura. Las construcciones estaban unidas entre sí, compartiendo , en algunos casos, dependencias interiores.
5.- Masías basilicales: Están compuestas por tres cuerpos: dos laterales y uno central, más elevado. La cubierta , de dos vertientes, desagua hacia las fachadas laterales.
6.- Masías de viña: Son construcciones formadas por la masía, propiamente dicha y diversos edificios complementarios, que se unen, configurando un patio central. Se emplazan, sobre todo, en la comarca del Alt Penedès, y se asemejan a los cortijos andaluces.
7.- Masías indianas coloniales: Destacan por sus ricos acabados y ornamentación exterior. Son grandes edificaciones, ostentosas, construidas a partir de modelos importados de América latina, por sus propietarios.

PROBLEMÁTICA ACTUAL
La masía, como elemento vivo, ha tenido un nacimiento, un crecimiento, una época de esplendor y en la actualidad parece encaminarse hacia la decadencia o, aún peor, a su desaparición. Con el transcurso de los años, lo que comenzó siendo una explotación agraria o ganadera, se ha ido convirtiendo en segunda residencia, restaurante o, en el mejor de los casos, en alojamiento turístico rural o en casa de colonias. En la actualidad, en Catalunya quedan unas 6.000 masías. Su situación es, según las últimas investigaciones, alarmante, corriendo el riesgo real de desaparecer para siempre de nuestra fisonomía. Las masías se van quedando desalojadas. Sus moradores prefieren irse a vivir a las ciudades, lejos de las penurias y la incertidumbre de la vida agrícola. La administración ha dado un pequeño paso en su defensa, catalogando las masías, pero no de forma unánime y reglamentada, por lo que cada ayuntamiento lo ha interpretado a su conveniencia. Tenemos un patrimonio que hay que proteger, pero tratándose de un patrimonio que no genera riqueza, el interés público es escaso y se desvanece con prontitud.
Joan Curós Vilà, doctor arquitecto, profesor de proyectos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallés y subdirector de la misma, propone dos tipos de pautas de intervención, por parte de la administración, para afrontar el problema:
1.- A nivel legislativo, se trata de evitar la especulación en las zonas rurales y naturales.
2.- A nivel productivo, “proteger al agricultor y al ganadero como a un jardinero del paisaje, subvencionar la agricultura y ganadería ecológica, especialmente a la ganadería de montaña, para proteger los prados, incentivar productos en denominación de origen, favorecer el uso del turismo rural”.
Se trata, en definitiva, de favorecer la actividad agrícola y ganadera, de manera que las masías continúen siendo atractivas para sus propietarios.
Si no conseguimos que la masía continúe funcionando como una unidad económicamente rentable, desaparecerá como tal o se verá resignada a iniciar nuevos usos de explotación, ajenos a su esencia histórica y social.
Una masía que desaparece o es abandonada, no es más que el mudo testimonio de una pequeña parte de nuestra historia cotidiana… Una página incompleta en nuestra memoria más cercana, que desaparecerá junto a sus moradores.
Cada masía que desaparece es un fracaso nuestro, pero sobre todo, de las diferentes Administraciones públicas y sociales. Ciegas ante un problema que plantea demasiados esfuerzos económicos para el “escaso” beneficio social que les repercute.
En el delta del Llobregat, a día de hoy, aún podemos disfrutar de algunas de estas “maravillas” arquitectónicas. Y podemos, también, hablar con sus moradores, que gustosos nos narraran las mil y una historias que nacieron entre sus muros y que ahora forman parte de la historia de nuestra población.
Pero, por desgracia, son muchas más las que han desaparecido o se encuentran prácticamente abandonadas.
El futuro de las masías, a mi entender, es tan cierto como lamentable. Si no hacemos algo y lo hacemos ya, en breves años las pocas masías que aún queden en pie, no serán más que un reflejo romántico de aquello para lo que fueron creadas: Restaurantes, hospedaje rural, casas de colonias, segundas residencias, etc.