El Prat de Llobregat fue conocido, durante siglos, como “el pueblo de las fiebres”; nombre genérico que comprendía enfermedades tales como el paludismo, la disentería, el tifus y las hepatitis; provocadas por los mosquitos y el agua no potable. La falta de condiciones higiénicas en el delta del Llobregat, hasta hace muy poco, causó verdaderos estragos a nuestros antepasados, indefensos a merced de un medio hostil e inclemente. Estas son pequeñas historias de aquella gente, marcada por la insalubridad, la pobreza, la incultura, la violencia, el trabajo y el sudor pegado al cuerpo, pero sobre todo, por un amor desmedido hacia esta tierra.

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viernes, 15 de febrero de 2013

El Canal de la Derecha



El Canal de la Derecha, junto al descubrimiento de las aguas artesianas y las leyes desamortizadoras impulsadas por Juan Álvarez Méndez (Mendizábal) y Pasqual Madoz, han sido los elementos que más influencia han tenido en la transformación económica, social y física del delta del Llobregat. Hasta finales del siglo XIX, en el delta se practicaba una agricultura de secano, extensiva y con pocos excedentes, donde destacaban los cereales, algunas legumbres y frutales, y la vid. El cambio de propiedad de las tierras y el acceso al agua de riego acabaron con el sistema tradicional de subsistencia y dieron paso a una agricultura intensiva de regadío, basada principalmente en productos de la huerta, frutales y, ocasionalmente, arroz. El delta del Llobregat se convirtió en el principal abastecedor de verduras y hortalizas de la ciudad de Barcelona y a partir de 1919 su producción llegó a los mercados europeos.
EL CANAL DE LA DERECHA DEL RÍO LLOBREGAT
El Canal de la Derecha del Río Llobregat nace en Sant Vicenç dels Horts, entre la riera de Torrellas y el torrente de Roure, y transcurre, paralelo al río, durante cerca de 16 kilómetros, atravesando las poblaciones de Santa Coloma de Cervelló, Sant Boi y el Prat de Llobregat; donde desemboca cerca de la laguna de la Ricarda. Aprovecha el agua sobrante del canal de la Infanta, situado aguas arriba, y transporta un caudal aproximado de unos 1.300 litros por segundo. Fue inaugurado en 1859 y su construcción conllevó la puesta en marcha de una extensa infraestructura de acequias menores de regadío y desguace, que se reparte por gran parte del delta.
ETAPA INICIAL (1819-1855)
El diario de Barcelona, en su edición del día 3 de mayo de 1817 informó de una convocatoria de reunión con el objeto de recuperar un antiguo proyecto de canalización que pretendía llevar agua del río a las poblaciones del delta del Llobregat y a la misma capital. Tras diversas reuniones y constantes desavenencias entre propietarios y colonos, se iniciaron las obras de construcción del Canal de la Infanta (1817-1820), que regaría las tierras situadas en el margen izquierdo del río. Los trabajos de construcción del Canal de la Derecha del Río Llobregat, mucho más tardíos, se iniciaron en 1819 y debían abarcar hasta el municipio de Castelldefels, pero el proyecto no prosperó debido a los elevados costes de construcción y a las inundaciones acontecidas en 1820, que destruyeron parte de los trabajos realizados y atrasaron, cincuenta años, la definitiva puesta en marcha del proyecto.
PROCESO DE CONSTRUCCIÓN
PUESTA EN MARCHA (1855-1866)
El 6 de diciembre de 1855, S.M. la reina doña Isabel II otorgó a Eusebio Soler la concesión de “construir el Canal de Riego de la Derecha del Llobregat, declarándolo obra de utilidad pública” (1). Los trabajos se reiniciaron en 1856, pero se vieron ralentizados por el elevado coste económico y por la reducción del caudal otorgado, que pasó a ser de 1500 litros/segundo frente a la concesión Real de 3500 litros/segundo; este hecho imposibilitaría la extensión del riego a los municipios de Gavá, Viladecans y Castelldefels. El año 1859 tuvo lugar la inauguración de la obra y el riego de las primeras hectáreas, pero su finalización no se produciría hasta 1866. El 28 de febrero de 1863 se aprobó el primer Reglamento de uso, que decretaba el establecimiento de un Sindicato de Riego para salvaguardar sus bases. Entre sus artículos referidos a sanidad, que ahora nos parecen disparatados, podemos leer:
“Art.34. Prohibiciones generales. Nadie podrá echar en el canal o acequias, basuras, escombros, animales muertos, desperdicios ni otros objetos, sean de la clase que fueren (…)”
“Art.35. Nadie podrá bañarse, tampoco las caballerías, ni especie alguna de ganado; lavar ropas ni otros objetos en el canal o acequias; teñir ni ensuciar el agua de los mismos y sus divisiones bajo pretexto alguno (…)”
PRIMERAS DIFICULTADES Y DECLIVE (1866-1874)
Durante los primeros años de funcionamiento, el canal de la Derecha del Llobregat fue un foco permanente de insalubridad debido a los deficientes acabados de los ramales y a la falta de mantenimiento. La carencia de colectores de desguace incidió en la aparición de zonas de estancamiento de aguas, provocando la proliferación de enfermedades y el consiguiente malestar entre la población. Por otro lado, la falta de rentabilidad del proyecto, que había visto reducido su caudal inicial, llevó a los herederos de Eusebio Soler a solicitar la estatalización del canal.
ESTATALIZACIÓN Y MODERNIDAD (1874 en adelante)
El año 1874, el Canal de la Derecha pasó a ser propiedad del Estado que traspasó su explotación a la Jefatura de Obras Públicas de Barcelona. Se llevaron a cabo canales subsidiarios, que duplicaron el número de hectáreas, pero la falta de inversión hizo que perduraran los problemas anteriores. Una nota, publicada el año 1894 en el diario La Vanguardia (2), denunciaba: “El término municipal de la vecina villa del Prat del Llobregat, que desde la instalación del Canal de la Derecha viene padeciendo de un modo cada vez más alarmante de fiebres intermitentes, á causa de no haber tenido en cuenta en su construcción en dotar al país de los correspondientes desagües, necesarios á causa de las consiguientes filtraciones del Canal y de las hijuelas de riego, como también el agua sobrante del mismo, está amenazado, una vez más, de ver aumentada la semi-inundación de sus terrenos. (…) Hasta ahora no sabemos que (la) autoridad haya tomado providencia alguna, llamamos su atención sobre este particular á fin de evitar nuevas calamidades al país.”
El descontento de los usuarios y de la población, unido a la falta de interés emprendedor de la Jefatura de Obras Públicas de Barcelona, hizo que, el año 1896, la concesión del canal pasara a ser ejercida por el Sindicato de Regantes del Canal de la Dreta y posteriormente (1989-1990) por la Comunidad de Regantes del Canal de la Dreta del Llobregat, que ostenta su explotación en la actualidad. Los planes de presente y futuro preveen que su caudal sea, progresivamente, aportado a partir de las aguas regeneradas por las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR) de Sant Feliu y Prat de Llobregat.

El Canal de la Derecha del Río Llobregat sigue alimentando, desde hace más de 150 años, parte de la excelente huerta del Baix Llobregat, aunque la superficie de terreno dedicada a la agricultura ha disminuido de forma alarmante. A día de hoy, aún podemos pasear por sus orillas y disfrutar de la contemplación de esta arteria vital; pero hemos de permanecer siempre alerta, porque el fantasma de la especulación constructora siempre volará sobre este remanso de historia. Muchos tramos han sido ya engullidos por la creciente demanda de espacio urbano y otros muchos peligran, bajo el peso de futuros proyectos urbanísticos.
Nuestro deber es conservar esta parte de nuestro patrimonio para las generaciones futuras y, por qué no, adecuarlo para el uso y disfrute presente.




Notas:
(1). Prat de Llobregat. (Ensayo histórico). Edició facsímil. Pare Andreu de Palma. (Págs. 317-319).
(2). Diario La Vanguardia. Martes, 18 de septiembre de 1894. Pág. 3



Referencias:
- El Canal de la Dreta del Llobregat, paisaje y biodiversidad en el espacio metropolitano de Barcelona (España). Atelier. Nº 3. Jaume Sans, Josep Mª Panareda.
- La formació d´una ciutat. El Prat de Llobregat. Marga Gómez Inglada. Arxiu Municipal del Prat de Llobregat.
- Prat de Llobregat (Ensayo histórico). Edició Facsímil. Pare Andreu de Palma.
- L´agricultura, agent de transformació del delta del Llobregat. Irma Fabró. 30 de maig de 1997.
- Revista de Obras Públicas Fundada y sostenida por el Cuerpo Nacional de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Breves consideraciones sobre pantanos y canales de riego en la provincia de Barcelona. Madrid, 10 de agosto de 1899.
- Una visión histórica de las principales sequías registradas en el Bajo Llobregat (1812-1950). Josep Ferret i Pujol. Comunitat Usuaris Aigües Delta Llobregat.
- www.3cat24.cat. 23-08-2005. Prohibeixen a pagesos del canal dret del Llobregat regar amb aigua del riu arran de la sequera.
- www.enciclopedia.cat. Canal de la dreta del Llobregat.
- Breves apuntes para la topografía médica del Prat de Llobregat. Segimon Salgot Balcells. El Prat de Llobregat de fa un segle segons una topografía médica. 1904. Víctor Marí Balcells- Pere Vallribera i Puig.
- Una visión histórica de las principales sequías registradas en el Bajo Llobregat (1812-1950). Josep Ferret i Pujol. Comunitat Usuaris Aigües Delta Llobregat.
- www.bestiolesdemarinablogspot.com. El Canal de la Dreta del Llobregat. Jaume Sans Margenet.
- La Vanguardia. 17 de junio de 1893. Página 1.
- La Vanguardia. Martes 18 de septiembre de 1894. Pág. 3.

domingo, 10 de febrero de 2013

Cal Monjo


La masía de Cal Monjo, también conocida como Torre de la Estacada o Font Romeu, está situada en el distrito de la Ribera del Prat de Llobregat, en el límite con el término municipal de Sant Boi; cerca del río, que pasaba a escasos metros de la edificación. Fuentes orales datan su construcción a finales del siglo XV, paralela al descubrimiento de América, lo que la convierte en la masía, aún en pie, más antigua del delta del Llobregat. Su estado actual, no obstante, no invita al optimismo: a pesar de estar catalogada como elemento arquitectónico protegido por el Ayuntamiento del Prat de Llobregat, la masía se encuentra deshabitada y en estado de ruina. Su futuro, si alguien no lo remedia, no parece ser otro que el de desaparecer.


Estado actual de la masia de cal Monjo

LA MASÍA
La masía de Cal Monjo pertenece al grupo de las denominadas masías basilicales, que se caracterizan por estar compuestas por tres cuerpos: dos laterales y uno central, más ancho y elevado; con una superfície total, aproximada, de unos 600 M2. La cubierta, a dos vertientes, desagüa hacia un canalón situado en las fachadas laterales que recoge y almacena el agua en una cisterna. La organización interna es típica de este tipo de edificaciones: planta rectangular, orientada a mediodía – fachada mirando al mar-, con planta, piso y golfas. La planta baja estaba destinada a las dependencias más comunes: cocina, comedor, bodega y establo; la primera planta estaba destinada a dormitorios, y la buhardilla a almacenar el grano y algunos útiles y aperos. El material de construcción empleado es la piedra de Montjuic, aunque también podemos encontrar baldosas y ladrillos de barro cocido. El elemento más característico de esta vivienda es su fachada, decorada a mediados del siglo XX con esgrafiados, reloj de sol y plafón cerámico que representa a San Antonio. Sobre el balcón izquierdo se puede leer la inscripción: “LA TORRE CAN FON RUMEU”. El acceso principal es un arco de medio punto de piedra arenosa rojiza que se encuentra enterrado un metro sobre el nivel actual de la calle, como consecuencia de la acumulación de sedimentos provocada por las numerosas riadas acontencidas; sobre la clave de la puerta se encuentra la siguiente inscripción: “IVSEPHVS RUMEUS. ME FECIT. 1670”, lo que da testimonio de la antigüedad de esta construcción. A la izquierda de la casa aún se conservan los restos de la primitiva vivienda pairal. El patio, orientado hacia el sur, alberga arbolado diverso, donde destaca una enorme palmera, y pozo de aguas freáticas. Una valla perimetral de piedra protegía todo el conjunto contra el siempre presente riesgo de inundaciones.

Detalle de la puerta de arco de medio punto y el balcón

Inscripción en el balcón de cal Monjo: LA TORRA DAN FON ROMEU

LAS ESTACADAS
Hasta hace unas décadas, el río Llobregat formaba dos meandros a la entrada del delta, como consecuencia de la disminución de la pendiente: uno estaba situado en Sant Boi y el otro, llamado la Marrada, transcurría entre el Prat y Cornellá, pasando por detrás de la masía de Cal Monjo. Por estos puntos era donde, normalmente, se desbordaba el río. A partir de 1606 se construyeron márgenes de defensa de tierra que, a lo largo de unos 7 kilómetros, transcurrían paralelos al río desde la demarcación de la Ribera hasta el Estruch; pero estos márgenes, a menudo, eran insuficientes cuando el río se desbordaba, provocando grandes pérdidas, tanto materiales, como humanas. Para reforzar dichos diques, comenzaron a clavarse grandes estacas de madera, de unos 3 0 4 metros de longitud, que pretendían reforzar el terreno, en un intento desesperado de canalizar el río hasta la desembocadura, impidiendo las denominadas “salidas de madre”. La masía de cal Monjo estaba situada en una zona de “estacada”, por lo que también era conocida como torre de la Estacada.

Fachada de cal Monjo, con restos del antiguo esgrafiado

PROPIETARIOS
Nada sabemos de los primeros habitantes de la primitiva masía de cal Monjo. El promotor de la masía actual, construída en el año 1670, se llamaba Josep Romeu por lo que era conocida en Sant Boi como “Font Romeu”. Anterior a esta denominación era la de Torre de la Estacada. El año 1872 el propietario de Cal Monjo era Joan Ignasi Sostre. Después fue cambiando tanto de propietarios como de masuveros: Francesc Pareres, Josep Parellada y finalmente Josep Portillo i Julià y su esposa Antonia Puig Ginabreda, últimos habitantes de la masía. El nombre de Cal Monjo parece provenir de una antepasada de la familia Portillo que poseía una formación intelectual superior a la habitual en la zona, por lo que era conocida como la monja y, en consecuencia, su marido fue llamado el Monje (Monjo).
El actual propietario es Joan Marín i Giralt que utiliza las instalaciones para guardar un rebaño de ovejas.

PROTECCIÓN
La masía de Cal Monjo se encuentra en la actualidad deshabitada y en estado de ruina. A pesar de que se encuentra catalogada por el Ayuntamiento del Prat de Llobregat como elemento protegido de “Arquitectura Residencial Rural”, pendiente de un “estudio detallado sobre el estado de solidez de las partes a proteger”, que nunca llega; lo cierto es que, mientras tanto, su futuro no parece ser otro que el de desaparecer. Cal Monjo forma parte del patrimonio histórico, paisajístico y arquitectónico del delta del Llobregat; de 500 años de lucha de valientes hombres y mujeres contra un medio inhóspito, desagradecido, cruel y, a la vez, bello y seductor. El gran historiador Jaume Codina (1) escribía “Nosotros somos los herederos de aquella masa que desfiló por nuestro aire y nuestra tierra durante siglos y siglos. Aquí vivieron, amaron y odiaron. Aquí continúan, aunque no los veamos: somos nosotros mismos, materialmente. (…) No habría sido posible nuestra modesta, minúscula ascensión, sin ellos. Sin el polvo y su sudor, su amor y su odio” (2). Cal Monjo no sólo debería estar protegida, debería estar restaurada y formar parte de nuestro paisaje agrario durante, al menos, otros quinientos años más. Creo que es una vergüenza y un menosprecio a nuestros antepasados dejar que esta histórica masía se desmorone en silencio, pero, al parecer, nadie hará nada por evitarlo. ¿Cuántas masías quedarán en pie en el delta del Llobregat dentro de 50 años? Y si nos remontamos 100 años, ¿quedará alguna? La masía catalana forma parte del patrimonio arquitectónico e histórico de Catalunya, pero las autoridades parecen haberse olvidado de ellas; peor aún, si por casualidad se acuerdan, es para expropiarlas con el fin de poder llevar a cabo sus extravagantes planes urbanísticos o inmobiliarios. ¿Nadie hará nada por evitarlo?



NOTAS:
(1). Para más información podéis consultar la entrada “Jaume Codina i Vilà” de este mismo blog.
(2). La gent del fang. Jaume Codina i Vilà. Página 28.



Referencias:
- 
www.ca.wikipedia.org. Cal Monjo.
- Inventari d´edificació tradicional. Cal Monjo / Torre de l´Estacada.
- 
www.lannarie.blogspot.com. Cal Monjo o Torre de l´Estacada (La Ribera)
- 
www.bestiolesdemarina.blogspot.com. Cal Monjo:500 anys d´història del delta s´ensorren.
- 
www.fundaciosigea.org. La vida als masos del delta.
- L´agricultura al delta del Llobregat. Parca Agrari del Baix Llobregat. Diputació de Barcelona.
- Ateneu Familiar de Sant Boi de Llobregat (Febrer 1885-1969).
- Un flaix a la ciutat del Prat. Visita per a Mestres i professorat. 9 de setembre de 2008. El Prat de Llobregat.
- La gent del fang. Jaume Codina i Vilà.
- Infraestructures Pratenques. 965-1950. Joan Lluís Ferret i Pujol. 

La ruta del canal de la Derecha. (3/3)


EL TRAMO FINAL
Sin duda, este tramo de unos tres kilómetros de longitud, que parte de los jardines de Mon Racó y finaliza en la playa del Prat, es el más apropiado para el disfrute y la contemplación. Aunque el caudal del canal ha descendido hasta convertirse en la denominada “acequia del Prat”, el curso que sigue, transcurre, en su totalidad, por una zona habilitada para el paseo a pie o en bicicleta. Durante el trayecto, muy transitado por los vecinos de la población, podremos contemplar elementos paisajísticos y arquitectónicos de gran interés, como la granja modernista de la Ricarda (2), el edificio de la Telegrafía –de Josep Puig i Cadafalch- y los restos del cuartel de los Carabinieros y del Semáforo, junto a la desembocadura. Y si aún os quedan fuerzas, podéis retomar los pasos hasta el mirador de aviones y continuar el paseo hasta la playa del Prat que este año, además, puede presumir de ostentar la esperada “Bandera azul”. Espero que lo disfrutéis, como yo lo he hecho.


Un saludo.



Acequia del Prat

Desembocadura, en el mar, del canal de la Derecha


NOTAS:
(1). Para más información sobre el Canal de la Derecha, podéis consultar la entrada “El Canal de la Derecha”, de este blog.
(2). Para más información sobre la granja de la Ricarda, podéis consultar la entrada “La Granja de la Ricarda”, de este blog.

La ruta del canal de la Derecha. (2/3)


SANT BOI DE LLOBREGAT
Una vez llegados a esta población comenzarán las dificultades ya que el canal atraviesa el centro urbano, apareciendo y desapareciendo como el Guadiana, hasta desembocar en el Parc Agrari del Baix Llobregat. Nosotros deberemos continuar por la antigua BV2002 que ahora recibe el nombre de avenida de Barcelona y después carrer de Soler; dejaremos a nuestra izquierda la estación de FGC “Molí Nou. Ciutat Cooperativa” y continuaremos avanzando por el carrer del Doctor Antoni Pujades, que pasa junto al parque sanitario de salud mental “Sant Joan de Déu” y se adentra en el centro urbano. En la intersección con la calle Carles Martí i Vila deberemos continuar a nuestra izquierda, en dirección a la estación de FGC “Sant Boi”. Una vez aquí, el canal pasa bajo la estación de tren y desaparece en el Parc Agrari, haciendo imposible su seguimiento, de momento…


Compuerta del Canal de la Derecha. Sant Boi de Llobregat


Nosotros continuaremos por la calle Josep Torras i Bages, a nuestra derecha, y después giraremos a la izquierda por la calle Avenida María Girona hasta converger con la calle Hospital, donde podremos hacer una parada histórico-cultural para visitar las termas romanas privadas mejor conservadas de Catalunya, que datan del siglo II, y el museo de Sant Boi, ubicado a escasos metros.


Una vez alimentado el intelecto y rellenada la cantimplora, bordearemos la plaza de Can Terelló y continuaremos por la calle de Bonaventura Calopa hasta la confluencia con la calle de Mossèn Pere Tarrés, que deberemos seguir a nuestra izquierda, atravesando la carretera de la Santa Creu de Calafell hasta la calle Zaragoza (detrás de una conocida casa de coches). Continuaremos por esta calle hasta llegar a una calzada, a la altura de la calle Valencia, que parte, a nuestra izquierda, bajo la C-245, en dirección a “Camí de Cal Penyasco. Garden L´Aralia”. Por fin nos habremos adentrado en el Parc Agrari del Baix Llobregat y hemos reencontrado al huidizo canal de la Derecha.

Termas de Sant Boi de Llobregat


PARC AGRARI DEL BAIX LLOBREGAT
De nuevo ha hecho su aparición el canal de la Derecha, con el caudal de agua ahora más reducido por las múltiples derivaciones a las que se ha visto sometido. Seguimos por el camino de cal Jové, perdiendo de nuevo de vista el canal, y giramos después, a nuestra derecha, por el camino de cal Penyasco, cuya masía se levanta imponente a nuestra izquierda. Continuaremos avanzando, dejando atrás la masía de cal Maurici y de cal Tombarella, donde giraremos de nuevo a nuestra derecha para reencontrarnos de nuevo, a unos cien metros, con la histórica conducción de riego, que discurre ahora perpendicular a nuestro trayecto. Continuamos avanzando hasta reencontrarnos con el camino de cal Jove, paralelo a la Autopista de Pau Casals y a la carretera del Prat (C 31c), que deberemos retomar a nuestra izquierda, en dirección al Prat de Llobregat. Al llegar a la bifurcación tomaremos el ramal de la izquierda, “Camí de can Ferrers”, donde, a unos cincuenta metros, volveremos a reencontrarnos con el canal que discurre a nuestra izquierda, entre campos de cultivo, pasa bajo nuestros pies y realiza un giro a la izquierda para desaparecer, poco después, bajo las autopistas. Seguimos avanzando por la Anilla Verde del Prat hasta la intersección, donde giramos a la derecha, al igual que en la siguiente intersección, hasta el camino del sorral que discurre paralelo al río, bajo el puente de la Autopista de Pau Casals. Deberemos seguir esta vía, a nuestra derecha, hasta la entrada del aparcamiento, donde tomaremos el desvío que nace a nuestra izquierda, paralelo al río. Antes de llegar al puente de la autovía de Castelldefels nos desviaremos a la derecha hacia “El Prat nucli urbà” hasta atravesar el puente del ferrocarril, donde nos adentraremos, a nuestra derecha, en el núcleo urbano, por la avenida Josep Anselm Clavé. Continuaremos sin volver a ver el canal hasta adentrarnos en la zona agraria.


EL SALTO DE LA MOSSET
Si la curiosidad nos embarga, podemos hacer un paréntesis en nuestro recorrido para visitar el Salto de la Mosset, aunque no es recomendable, ya que supondría un desvío de nuestro trayecto de unos 2,5 kilómetros y atravesar una senda prácticamente intransitable. En el Salto de la Mosset podemos observar la antigua casa del celador y la bifurcación del canal en dos ramales: uno más pequeño, que recibe el nombre de “regadora superior” y el propio canal de la derecha, que continúa su trayecto adentrándose en el término municipal. Para llegar aquí debemos tomar la calle Major, que parte a nuestra derecha desde la avenida Josep Anselm Clavé, atravesar la autovía por el puente elevado y cruzar el párking del centro comercial, hasta llegar a la senda que discurre paralela en su parte posterior. Seguiremos esta calzada, a nuestra izquierda, y después el camino de tierra que discurre paralelo a la acequia hasta llegar al salto de la Mosset. Una vez visitado, tenemos que volver sobre nuestros pasos, hasta la avenida Josep Anselm Clavé.



El Salto de la Mosset, en el Prat de Llobregat


EL PRAT DE LLOBREGAT
Avanzamos por la avenida Josep Anselm Clavé, giramos a la izquierda por la calle Major y después a la derecha por la calle del doctor Soler i Torrens hasta la avinguda del canal que parte, desde el parque del Fondo d´en Peixo, a nuestra izquierda. Seguimos el primitivo recorrido del canal, ahora soterrado, hasta la avenida Virgen de Montserrat , donde deberemos continuar a nuestra izquierda hasta la calle coronel Sant Feliu. Avanzamos a nuestra derecha, hasta atravesar la avenida Once de septiembre, que nos dejará en los jardines de Món Racó. Desde aquí, continuaremos el recorrido final del canal hasta su desembocadura, sin perderlo ya más de vista.

sábado, 9 de febrero de 2013

La granja modelo de la Ricarda II

Vista actual de la Granja de la Ricarda

Ocaso

La Granja de la Ricarda dejó de ser operativa hacia los años 30, después de más de veinte años de servicio ininterrumpido. Resulta muy difícil establecer una causa concreta, ya que como casi siempre ocurre, seguramente sería una concatenación de varias de ellas. Tal vez fuese provocado por las continuas huelgas en las que se vio envuelta, o tal vez por problemas de distribución… Fuese cual fuese la causa, lo cierto es que a partir de los años 30, la Casa de las Vacas dejó de ser rentable y cerró sus grandes puertas de color verde oscuro.
La vaqueria continuó siendo propiedad de la familia Bertrand hasta los años ochenta. Durante más de una década, aquellas magníficas instalaciones, que antes habían sido consideradas como “Granja modelo”, fueron utilizadas como granero o almacén de útiles y herramientas agrícolas.
En el verano de 1992 fue adquirida por Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), con el fin de albergar en ella un futuro Museo de la Asociación de Amigos de la Aeronáutica, aunque a punto estuvo de desaparecer, pasto de un extraño incendio, el 30 de junio de 1993.
Durante el período de tiempo que estuvo en funcionamiento, la Granja de la Ricarda se convirtió en un lugar de interés social, frecuentado por estudiantes, deportistas, nobles, políticos o empresarios de maquinaria agrícola, que convirtieron esta finca en un punto de encuentro social, pedagógico y político.




Una nueva vida, una nueva función

La Casa de las Vacas vió amenazada su supervivencia al verse afectada por el proyecto de ampliación de la pista principal del aeropuerto. Y seguramente, su destino hubiese sido cuanto menos incierto, de no ser por que el Ayuntamiento del Prat de Llobregat, acogiéndose a la ley de Patrimonio Cultural Català de 1993, declaró el edificio como “Bien cultural de interés local”. El Ayuntamiento negoció con Aena la conservación de los elementos arquitectónicos más destacados. El año 2006, Aena encargó al arquitecto Lluís Domènech, nieto del modernista Domènech i Montaner, el proyecto de desmontaje, catalogación y almacenamiento, de los elementos más singulares del edificio, tales como la estructura metálica, la cubierta y los elementos decorativos de cerámica. El nuevo edificio reconstruido, con una superficie de unos 4000 m2, tendrá carácter pedagógico y lúdico. Albergará un centro de divulgación del patrimonio cultural y natural del delta, con exposiciones itinerantes y permanentes, así como un restaurante y diferentes sedes de entidades naturalistas. Los visitantes podrán conocer las principales características del medio natural del delta del Llobregat (río, lagunas, marismas, pinares y playa), de su rica agricultura y de las obras de ingeniería hidráulica previstas o llevadas a cabo. Asimismo, el museo acogerá la reconstrucción del antiguo molino de arroz de Ca l´Arana, que fue desmontado de su ubicación inicial, en una pequeña isla en la desembocadura del río Llobregat y restaurado en una operación premiada por la Associació del Museu de la Tècnica de Catalunya.

Pero todo eso, será a partir del año 2013.



(1). “La innovación tecnológica como factor de reubicación de la producción láctea”. Joan Rafols Casamada.
(2). La Vanguardia. 26-07-1915. Pág. 3.

La granja modelo de la Ricarda I



Vista actual de la Granja de la Ricarda

“ Ayer tarde la Sociedad Protectora de los Animales y las plantas de Cataluña (…) acordó que el próximo domingo la sociedad se traslade a la granja lechera “La Ricarda”, propiedad de don Eusebio Bertrand, para hacerle entrega de la medalla que se le concede por el buen trato que da a los animales de aquella granja-modelo y conceder un amplio voto de gracias a la junta directiva de la Sociedad con motivo de sus activas gestiones en pro del desarrollo de la misma y el alto criterio que preside a sus actos.” (artículo publicado el martes, 17 de junio de 1913, en el diario La Vanguardia. Página 3).

Detalle de la cerámica reconstruida en la Granja de la Ricarda

El año 1909 comenzaron los trabajos de construcción de La Ricarda, que llegaría a ser la granja lechera más importante de Cataluña, en los terrenos que el industrial algodonero Manuel Bertrand poseía en el Prat de Llobregat.
La granja albergaba unas doscientas vacas, sobre todo suizas y holandesas, que producían unos 550.000 litros anuales de leche y daba trabajo a una cincuentena de mozos.
La familia Bertrand pretendía abastecer el mercado lechero de Barcelona, llenando el vacío que había ocasionado una ordenanza del Ayuntamiento, del año 1857, que prohibía “la existencia de vaquerías ó cabrerías en el interior de la ciudad, á menos de situarse en barrios apartados y en edificios construídos al intento con todas las condiciones del arte”
La Granja de La Ricarda, o Casa de las Vacas, como también era conocida, fue proyectada por Francisco Bastos y Joan Torras y construida por el pratense Josep Monés i Jané. Del conjunto del edificio destacaban la estructura metálica de las vueltas de las naves, llevadas a cabo por la empresa Herrería y Construcciones Torras y los elementos decorativos y acabados exteriores, con motivos vegetales y geométricos, enmarcados en el modernismo catalán. El año 1911 ya se encontraba en pleno funcionamiento. Estaba compuesta por dos naves longitudinales unidas y rematadas por tres torres cuadrangulares, con una superfície total de unos 4000 m2. Fue una de las granjas más modernas de su época, dedicada a la producción y distribución de leche, introduciendo en Cataluña los procesos productivos suizos y obteniendo numerosas distinciones a la calidad, entre ellos la declaración de granja modelo por el rey Alfonso XIII. 

 La Granja de la Ricarda, en su ubicación original

La higiene como método de producción
“La leche, para ser buena, no ha de cocerse, pasteurizarse, ni estar sujeta á preparación ninguna: ha de ser pura, natural, exenta en absoluto de microbios. Trato de producirla en condiciones tales que pueda asegurar y garantizar esta pureza”, explicaba Manuel Bertrand a José Zulueta y Gomis, economista y político español, co-fundador de la Federación Agrícola Catalano-Balear.
La ventaja comercial de la Granja de La Ricarda se basaba, pues, en establecer unas condiciones higiénicas absolutas, que permitieran la extracción, manipulación y distribución del producto lácteo a la ciudad de Barcelona, en perfectas condiciones de salud y sabor.
Según palabras de Zulueta: “Se trata de resolver un problema trascendental de higiene: se trata de construir un establo, en condiciones tales, que se haga del todo imposible la presencia de microbios nocivos á la salud de los animales y á la calidad de la leche, asegurando el volumen y la pureza del aire, el grado de calor y humedad, la limpieza absoluta de todas partes.”
En una visita realizada a la Casa de las Vacas, por el director general de agricultura, Carlos Cartel, el 25 de julio de 1915, se describe la granja de éste modo: “ Las dos grandes cuadras que éstas ocupan, espaciosas, bien ventiladas y recubiertas de baldosillas, producen admirable efecto, llamando la atención tanto o más que las condiciones higiénicas de la instalación, el cuidado con el que han sido atendidos los más pequeños detalles para que aquella resulte perfecta” (2)
A pesar de que Manuel Bertrand era conocedor de los nuevos descubrimientos bacteriológicos llevados a cabo en Europa, prefirió optar por la higiene clásica como método distintivo de producción, dejando de lado las nuevas tendencias industriales que desembocarían en los actuales métodos de esterilización o pasteurización.

 Detalle reconstrucción Granja de la Ricarda

Josep Zulueta, tras su visita a la granja, llevó a cabo un detallado análisis de los costes de inversión y producción, planteándose la supervivencia de dicha explotación en dos términos:
El primer problema residía en producir el forraje necesario para el consumo del ganado, en condiciones económicas favorables. Para ello, la familia Bertrand instaló un ferrocarril de tracción eléctrica en sus tierras, “que arranca del centro de la finca hasta la orilla del mar, en una extensión de más de tres kilómetros” (2), con objeto de acarrear arena del mar, para poder roturar nuevos terrenos agrícolas.
En el año 1915, la finca producía el alimento necesario para abastecer a 150 o 200 vacas, con lo cual, el problema parecía resuelto.
El segundo problema al que se enfrentaba, y de peor solución, lo constituía el mal estado de los caminos deltáicos, que hacían penoso y poco asumible, el coste de distribución de leche a la capital.
Si la Granja de la Ricarda conseguía solventar dichos problemas, de forma rentable, sería una granja modelo y un modelo a seguir. Si no, no sería más que otra apuesta arriesgada, pendiente de que la clientela, a la que iba destinada, estuviera dispuesta a pagar un precio mayor, a cambio del lujo que suponía consumir una leche producida en condiciones de extrema higiene y cuidado de los animales.