El Prat de Llobregat fue conocido, durante siglos, como “el pueblo de las fiebres”; nombre genérico que comprendía enfermedades tales como el paludismo, la disentería, el tifus y las hepatitis; provocadas por los mosquitos y el agua no potable. La falta de condiciones higiénicas en el delta del Llobregat, hasta hace muy poco, causó verdaderos estragos a nuestros antepasados, indefensos a merced de un medio hostil e inclemente. Estas son pequeñas historias de aquella gente, marcada por la insalubridad, la pobreza, la incultura, la violencia, el trabajo y el sudor pegado al cuerpo, pero sobre todo, por un amor desmedido hacia esta tierra.

sábado, 9 de febrero de 2013

Accidente aéreo en el Prat (3-2-1944). Parte 1



La tarde del jueves 3 de febrero de 1944, mientras Europa continuaba inmersa en la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos anunciaba el inicio de la ofensiva aliada del pacífico contra Japón, la pequeña villa del Prat de Llobregat, en Barcelona, dormitaba ajena al trágico suceso que estaba a punto de acontecer...
En Barcelona, el cine Coliseum se preparaba para el estreno de la película “Sólo los Ángeles tienen alas”, con Cary-Grant y Jean Arthur, que narra las vicisitudes de un pequeño grupo de pilotos de la aviación civil. “Sucumben unos y otros se desesperanzan. Triunfan los pocos y éstos a costa de enormes sacrificios” – rezaba la propaganda -. Pero, el Prat de Llobregat, inmerso en sus quehaceres y rutinas diarias, también permanecía ajeno a aquel premonitorio estreno...

Hacia las cinco y media de la tarde, Natalía Martí y su madre, que se hallaban en la parte posterior de su vivienda, en la calle del Prat número 5, divisaron, sorprendidas, un avión que volando a muy baja altura se dirigía hacía la zona donde se encontraban.
El avión, un Douglas DC-2, de la Compañía Iberia LAPE, que efectuaba el servicio de correo desde Madrid a Barcelona, tenía los motores averiados y al parecer intentaba llevar a cabo un aterrizaje de emergencia en las afueras de la población. Sin capacidad de maniobra, el bimotor intentó un viraje arriesgado, pero no pudo esquivar las viviendas y terminó colisionando contra la parte superior del número 5 de la calle del Prat, donde residía la família Castells. El estruendo provocado pudo escucharse en todo el término municipal del Prat. Cuando Natalia Martí y su madre llegaron a la puerta de la calle, se quedaron petrificadas ante el dantesco espectáculo que se desplegaba ante ellas: La aeronave, de unos 19 metros de longitud y 26 de envergadura, se había partido en varios trozos y estaba envuelta en llamas. Una parte del ala y el tren de aterrizaje habían quedado empotrados en la casa contígua (número 7), donde residía la família Martos, hundiendo el techo y desmoronando parte de la vivienda. El resto, también pasto del fuego, se repartía entre su patio interior y el de las viviendas colindantes (números 7 y 9). La humareda podía verse desde cualquier punto del Prat y las llamas se extendían, rápidamente por los bajos de las viviendas afectadas. Los primeros en llegar al lugar del accidente fueron los propios vecinos, que rápidamente ayudaron a socorrer a los supervivientes. Don Manuel Ayora, que en aquel momento trabajaba en la cercana fábrica de la Papelera Española, rescató a un herido de entre las llamas, con la ayuda del barbero Francesc Carrasco, que regresaba de un entierro. Poco después llegaron los servicios de extinción y salvamento de la Papelera y La Seda de Barcelona, que gracias a su rápida intervención, impidieron que el desastre acontecido fuera de mayor magnitud.
La pesadilla que tanto habían temido nuestros antepasados se había hecho realidad, para desgracia de algunos e indignación de muchos.

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